29 de octubre de 2009

Al contenedor de toda la vida por favor...

Esta semana ya se ha notado el alto índice de programas y películas temáticas sobre la muerte. El Día de Todos los Santos se acerca. Día de luto para muchos, fiesta de Halloween para otros. La muerte ha pasado a ser una cita en el calendario. Nadie reflexiona. Da como miedo: "Yo voy tirando, ya llegará". Es un asunto que no nos resulta cómodo. Pero esto roza la morbosidad, que hay sí que prestamos más atención.
En estos programas que comentaba ya han contado cómo incineran a la gente. Cómo separan las cenizas del cuerpo de las del ataúd: "Como antiguamente nuestros abuelos separaban la paja del trigo", dice un trabajado del tanatorio. (...) Luego, en esas cenizas quedan las visagras del ataúd que con un imán las quitan. Después unos rodamientos ayudan a hacer esas cenizas más finas. Y, ale, a la bolsa.
¿Puede haber algo más antinatural que en lo que hemos convertido la muerte? Para más inri, han inventado unas bolsitas biodegradables de bacterias que se pone en el ataúd, cual bolsa de naftalina, para que el cadáver se desconponga más rápido. Porque se ve que esto también afecta al cambio climático. Ya ves. Como dice Peret: "Siempre nos hacen trabajar". Hasta muerto hay que pensar a qué contenedor ir, al verde, al gris o al amarillo. Una extremidad a cada uno y el resto al de toda la vida, por favor...

Para los que quieran reflexionar: ¿Sabéis que cuando nos incineran, pesamos lo mismo que cuando nacemos?

1 comentario:

  1. Querida bloguera: cada nuevo comentario tuyo, se percibe más afinado, conciso, directo y con los adjetivos y florituras justas. Me da no se qué alabar al personal, pero me gusta como escribes y la capacidad para dejar entreabierta la puerta de los sentimientos, para que, el que quiera y asumiendo suss miedos y riesgos, la abra del todo y la traspase, o no.
    La cita del final, que no se si es cierta o no, pero si non e vero e ben trabato, me ha impactado.

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