10 de noviembre de 2009

Ironías

Creo que hay un ente gracioso que recorre nuestras vidas, nuestras calles, sin que nos demos cuenta. Un ente que hace que las cosas más simples puedan ser graciosas o que los objetos más sosos a primera vista te puedan llamar la atención. Carteles, nombres de tiendas, de personas y cosas así.
Menciono al ente porque espero que niguna persona sea la artifice de poner este nombre: Samba. Sí, un nombre que para cualquier publicista podría sonar bien, es musical aunque muy empleado, no denota nada. Pero si os digo que este nombre es el que el "ente cachondo" decidió ponerle a un modelo de silla de ruedas, la cosa cambia ¿verdad? Sillas de rueda Samba... (aquí me salen muchos chistes pero inapropiados completamente). Cuando pones el nombre al producto quieres darle valores añadidos ¿pero tan añadidos como el nombre de un baile para una persona que no se puede mover? Quieres que se venda bien, que suene en la cabeza de la gente, que perdure en la memoria... ¡ y tanto! Si durar durará, desde luego.
Creo que el "ente" tiene próximas entregas: El bastón para invidentes El Lince o el colegio de discapacitados psíquicos Nobel.

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