10 de septiembre de 2010

Sacrilegio

Lo he hecho. Sí. No he sido consciente hasta que me he visto a mí misma haciéndolo. Y no hay marcha atrás. Si los bolsos hablaran habríais escuchado un grito desgarrador saliendo del capazo de Versace de hace unos años.
Y es que la humedad puede con todo, es una irreverente y por donde pasa deja huella. Este bolso lleno de estilo lo teníamos en la casita de la playa porque era perfecto para acompañar los conjuntos veraniegos. Por su estilo no debíamos abusar de él hasta que un día fuímos a recogerlo y ¡zas! oliendo a humedad y con sus leones característicos al borde del suicidio.
Hoy tocaba decidir. No lo podíamos dar ni seguir guardando así que he cogido unas tijeras y he recortado los dos leoncitos dorados con el aro en la boca que tan duro han trabajado todos estos años. Y de pronto me he visto a mí misma con las tijeras en la mano y recortando la cesta. Y para mayor dolor he ido a buscar una imagen del boslo para enseñárosla y no he encontrado ninguna. O sea que he destrozado un bolso más antigüo de lo que yo pensaba... ¡Pero la humedad fue antes que yo!
Así que no sé si hoy me acostaré siendo mala persona o buena por haber salvado a las dos fierecillas doradas...

1 comentario:

  1. Buena, buena. Hay que quitar lastre.
    Muy bien hecho lo de salvar los leones, eres una ecologista :)
    Besets

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