23 de enero de 2014

El amor en los tiempos del Whatsapp

¿Habéis notado alguna vez que se para el tiempo?  Rápidamente seguro que me contestáis que no. Que eso no ocurre. Pero pensadlo bien… Os voy a poner en situación con una historia cercana. 

Ella, Carla,  estaba enamorada como una adolescente de él, Jesús. Obviamente ya no era tan adolescente y las cosas habían cambiado y mucho. En su época le tocaba esperar al lado del teléfono a que sonara, y cuando lo hacía, encerrarse en la despensa horas y horas sentada en el suelo hablando con sus amigas o con el chico en cuestión. Todo sucedía mucho más lento. No había tanto vértigo, no había sensación de frenar de pronto a tres centímetros del precipicio…

Estaba desconcertada porque parecía novata en estas cosas. Ella no había crecido con un móvil en la mano, estaba educada en el amor a cámara lenta. En el “esta semana te llamo” y desesperar lo justo.

Pero ahora esperaba esa llamada y cuando ya no podía más entraba en Whatsapp… “En línea” ¡¿Qué?! ¿Está conectado y no me llama? ¿Estará viendo que yo también estoy en línea? Revisaba su Estado una y otra vez, a veces de manera compulsiva. Esperaba una señal, una pista que le dijera que sí, que la llamaría pronto, que pensaba en ella…

A veces, aunque intervenga la innovación, los sentimientos y las sensaciones son muy básicas, son las de toda la vida. Y que de tanto esperar, cuando sucede, el globo se explota cayendo como confeti cientos de trocitos de ilusiones de colores.

La diferencia, eso sí, es que se recogen mucho antes que el maldito confeti. En esto sí que ayudan las novedades tecnológicas.  Hemos aprendido a relativizar. Y eso le ocurría a Carla mientras se agachaba sutilmente para barrer y barrer todo lo que se le había venido abajo. Le llamó, sí, pero para ella fue una llamada de cortesía. Esperaba tanto… En ella se hizo realidad el dicho de “quien espera desespera”.

Pero se recompuso, una vez más, y volvió a ver es estado del Whatsapp. Estaba al límite de que se convirtiera en un TOC.

Mientras eso ocurría decidió actuar. Y se fue a verle sin avisar. ¿Sabes dónde estoy? Le dijo. Cuando el Escribiendo se hace eterno… Nunca nadie miró tan fijamente una palabrita. ¿Dónde? Le contestó él. ¡Al lado de tu trabajo! …


Y no hubo respuesta. Ahí fue cuando el tiempo se paró para Carla. En seco.

También puedes leerlo en el Diario Levante EMV

2 comentarios:

  1. Hooolaaa podeis mirar mi nuevo blog pliis. Aquíos dejo el link muchísimas gracias. SINUNPOCODELOCURANOHAYFELICIDAD.blogspot.com chaoo

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